top of page

Lo que te pasó no fue para tanto. El problema es que tu cuerpo no opina lo mismo.

Foto del escritor: Lucía Gracia Solana
Lucía Gracia Solana
22 ago
2 min de lectura
Mujer sentada en un espacio luminoso que representa la reflexión sobre el trauma psicológico y las heridas emocionales.


No hubo una guerra.


No hubo un accidente.


Nadie tuvo que sacarte de entre los escombros.


Así que, cuando escuchas la palabra «trauma», piensas que eso no va contigo.


Normal.


Te han enseñado a buscar el problema en los acontecimientos extraordinarios.


Pero hay heridas que no necesitan una ambulancia para seguir abiertas.


Trauma con T mayúscula


Una agresión.


Un accidente grave.


Violencia física o sexual.


Una situación que amenaza tu vida o tu integridad.


A eso solemos referirnos cuando hablamos de trauma con T mayúscula: experiencias tan intensas que pueden sobrepasar nuestra capacidad de procesarlas.


La mayoría de la gente reconoce fácilmente que algo así puede dejar huella.


Ahora viene lo que cuesta más aceptar.


Trauma con t minúscula


Crecer sintiendo que nunca eras suficiente.


Aprender que expresar lo que necesitabas era molestar.


Escuchar críticas constantes y convencerte de que te estaban educando.


Tener que estar pendiente del estado de ánimo de los demás para saber si estabas a salvo.


O descubrir demasiado pronto que el cariño dependía de hacerlo todo bien.


Nada de esto necesariamente aparece en un informe de urgencias.


Pero puede dejar a una persona adulta que no sabe descansar, que necesita controlarlo todo o que interpreta cualquier rechazo como una amenaza.


Y después esa persona dice:


«Yo soy así».


No.


Quizá no eres así.


Quizá aprendiste a funcionar así.


Tu cuerpo no necesita tu permiso para recordar


Una crítica y se te cierra el estómago.


Un silencio y empiezas a preguntarte qué has hecho mal.


Alguien cambia el tono de voz y tú ya estás intentando arreglar algo que ni siquiera sabes si se ha roto.


Eso no significa automáticamente que tengas un trauma.


Pero sí puede significar que tu respuesta actual está conectada con experiencias anteriores que todavía no has comprendido del todo.


El problema es que llevas años intentando corregir la reacción sin entender de dónde viene.


Como si pudieras desactivar una alarma sin preguntarte por qué se instaló.


Lo que ocurrió quizá terminó. Lo que aprendiste, puede que no.


La diferencia entre trauma con T mayúscula y trauma con t minúscula no sirve para competir por quién sufrió más.


Sirve para entender que no todas las heridas tienen el mismo origen.


Y que algunas pasan años disfrazadas de perfeccionismo, autosuficiencia, necesidad de control o dificultad para confiar.


Puedes seguir diciéndote que «no fue para tanto».


Pero si aquello sigue decidiendo cómo te relacionas, cómo descansas y cuánto te exiges, quizá ha llegado el momento de dejar de minimizarlo.


Porque hay cosas que no parecen importantes.


Hasta que descubres que llevan años dirigiendo tu vida.



bottom of page