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Presumir de no necesitar un psicólogo no es fortaleza. Es desconocimiento.

Foto del escritor: Lucía Gracia Solana
Lucía Gracia Solana
19 ago
2 min de lectura

Actualizado: 21 ago


Un joven empezó a trabajar en una profesión que no conocía.


No buscó un maestro.


No pidió consejo.


No quiso aprender de nadie.


Pensaba que hacerlo solo demostraba carácter.


Durante meses repitió los mismos errores. Avanzaba despacio, se frustraba y culpaba al trabajo, al mercado y a los demás.


Hasta que conoció a alguien que llevaba veinte años haciendo aquello que él intentaba aprender.


En una conversación entendió lo que no había conseguido ver durante meses.


No le faltaba capacidad.


Le sobraba orgullo.


Todos entendemos que un deportista necesita un entrenador.


Que alguien que comienza una profesión necesita un maestro.


Que una empresa contrata asesores para tomar mejores decisiones.


Pero, cuando se trata de nuestra salud mental, aparece una idea bastante limitada:

«Yo no necesito a nadie».


Creer que acudir a un psicólogo es para personas débiles no demuestra fortaleza.

Demuestra desconocimiento.


Las personas que quieren mejorar, buscan referencias.

Un psicólogo no está solamente para ayudarte cuando ya no puedes más.


También puede enseñarte a entender cómo respondes ante la presión, qué patrones repites y qué decisiones tomas desde el miedo, la exigencia o el agotamiento.


Puede ayudarte a reconocer pensamientos que llevas tanto tiempo repitiendo que ya ni siquiera cuestionas.


A comprender por qué determinadas situaciones te afectan más de lo que esperabas.

O por qué, aun sabiendo lo que deberías hacer, terminas actuando siempre de la misma manera.


Un psicólogo no vive tu vida por ti.


Tampoco toma tus decisiones.


Te ayuda a observar aquello que tú, desde dentro, quizá no estás pudiendo ver.


«Yo puedo solo»

Por supuesto que puedes.


También puedes aprender una profesión sin maestro.


Entrenar sin entrenador.


Dirigir una empresa sin asesoramiento.


Y continuar durante años repitiendo los mismos patrones mientras los llamas «mi forma de ser».


La pregunta no es si puedes hacerlo solo.


La pregunta es por qué tendrías que hacerlo peor, más despacio y pagando un precio mayor.


Pedir ayuda no demuestra que seas incapaz.


Demuestra que has entendido que crecer también consiste en aprender de alguien que sabe algo que tú todavía no sabes.


Puedes continuar solo.


También puedes seguir repitiendo los mismos errores mientras te convences de que eso demuestra carácter.


Presumir de no necesitar un psicólogo no es fortaleza. Es ignorancia.


No como insulto, sino en el sentido más preciso de la palabra: desconocer algo y, por orgullo, decidir que tampoco necesitas aprenderlo.


Necesitar orientación no te hace menos capaz.


Lo verdaderamente limitado es estar orgulloso de no aprender de nadie.


Y pocas cosas te mantienen más estancado que defender como fortaleza aquello que, en realidad, no es más que desconocimiento.


No tienes que esperar a estar peor para empezar a comprenderlo.




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