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Tu jornada ha terminado. Tu cabeza todavía no.

Foto del escritor: Lucía Gracia Solana
Lucía Gracia Solana
8 sept
4 min de lectura

Cierras el ordenador.

Pero no terminas de trabajar.


Mientras conduces recuerdas algo que deberías haber contestado.


Durante la cena piensas en mañana.


En la ducha aparece una conversación de esta mañana que quizá podrías haber gestionado de otra manera.


Y cuando por fin tienes tiempo para descansar, tu cabeza decide utilizarlo para repasar todo lo pendiente.


Tu jornada ha terminado. Tú todavía no.


¿Por qué no puedo desconectar del trabajo?


Nuestro cerebro no funciona con un interruptor.


Después de muchas horas resolviendo problemas, anticipando, tomando decisiones o respondiendo a estímulos, no siempre resulta sencillo pasar inmediatamente de un estado de activación a uno de descanso.


Pensar ocasionalmente en el trabajo fuera de horario es normal.


El problema aparece cuando esa transición prácticamente desaparece.


Cuando estás físicamente en casa pero mentalmente sigues trabajando.


Y, sobre todo, cuando esta forma de funcionar empieza a interferir con tu descanso, sueño, relaciones o bienestar.


Pensar en el trabajo no siempre significa estar resolviendo algo


Existe una diferencia importante entre reflexionar y rumiar.


Reflexionar suele conducir a algún lugar.


Identificamos un problema, valoramos alternativas, tomamos una decisión.


La rumiación funciona de otra manera.


Repasamos.


Volvemos sobre lo mismo.


Imaginamos conversaciones.


Anticipamos escenarios.


Revisamos decisiones que ya hemos tomado.


Y podemos tener la sensación de estar haciendo algo útil simplemente porque nuestra mente sigue ocupada.


Pero llega un momento en el que pensar más ya no significa resolver mejor.


¿Por qué sigo pensando en el trabajo cuando llego a casa?


Puede haber muchas razones.


Una carga laboral elevada.


Responsabilidad sobre otras personas.


Dificultad para delegar.


Perfeccionismo.


Miedo a cometer errores.


Necesidad de control.


Límites poco definidos entre trabajo y vida personal.


O una forma de funcionar en la que estar pendiente de todo se ha convertido en una manera de sentir seguridad.


En algunas personas aparece una idea muy concreta:

“Si dejo de estar pendiente, algo se me escapará.”


Y esa creencia puede mantener la mente trabajando incluso cuando nadie nos está pidiendo que lo hagamos.


¿Es ansiedad o simplemente estrés laboral?


Estrés y ansiedad pueden relacionarse, pero no son exactamente lo mismo.


El estrés suele aparecer vinculado a demandas concretas que percibimos como difíciles de gestionar.


La ansiedad puede mantenerse incluso cuando el estímulo ya no está presente.


Por eso alguien puede terminar una reunión a las cinco y continuar emocionalmente dentro de ella a las diez de la noche.


No es necesario etiquetar inmediatamente lo que ocurre.


Lo importante es observar cuánto espacio está ocupando y qué coste está teniendo.


¿Cómo afecta no desconectar al descanso?


Puedes tener tiempo libre sin estar descansando.


Si durante ese tiempo continúas anticipando, comprobando el correo, respondiendo mensajes o repasando mentalmente situaciones laborales, tu organismo puede mantener cierto grado de activación.


Y esto puede aparecer como:

dificultad para conciliar el sueño,

despertares,

irritabilidad,

tensión física,

sensación de cansancio,

problemas de concentración,

o dificultad para disfrutar de actividades que antes te ayudaban a recuperar.


Por eso descansar no consiste únicamente en dejar horas libres en la agenda.


También necesitas poder estar presente en ellas.

¿Cómo empezar a desconectar del trabajo?


No intentes obligarte a no pensar.


Normalmente produce el efecto contrario.


Puede ser más útil enseñar progresivamente a tu mente que no todo necesita resolverse ahora.


1. Cierra la jornada de forma deliberada

Antes de terminar, dedica unos minutos a escribir qué queda pendiente y cuál será el siguiente paso.

Tu cerebro no necesita recordártelo constantemente si sabe dónde encontrarlo mañana.


2. Diferencia pendiente de urgente

Que algo esté sin hacer no significa que necesite resolverse esta noche.

Pregúntate:

¿Necesita realmente una respuesta ahora o simplemente me incomoda dejarlo pendiente?

No es lo mismo.


3. Observa las comprobaciones

Abrir el correo “solo un segundo” puede devolver tu atención completamente al trabajo.

Crear límites concretos suele ser más efectivo que confiar únicamente en la intención de desconectar.


4. Crea una transición

Caminar, cambiarte de ropa, ducharte, escuchar música o realizar una actividad concreta puede ayudar a marcar el final de una etapa del día y el comienzo de otra.

No tiene que ser perfecto.

Tiene que repetirse.


5. Observa qué hay detrás de tu necesidad de seguir pendiente

A veces no es organización.

Es miedo.

A equivocarte.

A decepcionar.

A no llegar.

A perder el control.

Y cuando el problema está ahí, ninguna aplicación de productividad consigue resolverlo.


¿Cuándo debería acudir a un psicólogo por estrés laboral?

Cuando desconectar se ha vuelto excepcional.


Cuando el trabajo invade de forma habitual el descanso.


Cuando aparecen preocupación persistente, problemas de sueño, irritabilidad, tensión, sensación constante de urgencia o culpa cuando no estás produciendo.


También cuando externamente continúas funcionando perfectamente, pero internamente sostener ese funcionamiento cada vez exige más.


No necesitas esperar a dejar de poder.


Psicología para ansiedad y estrés laboral en Huesca

En LGS Clinic trabajamos sobre los patrones de preocupación, autoexigencia, perfeccionismo y necesidad de control que pueden hacer que una persona permanezca mentalmente activa incluso cuando el trabajo ha terminado.

No necesariamente para que hagas menos.

Sino para que no necesites estar permanentemente en alerta para seguir haciendo bien aquello que importa.

Antes de que sea urgente


Si el trabajo termina pero tu cabeza continúa, puedes reservar una sesión de psicología en LGS Clinic, Huesca.

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