Tu problema no es que no sepas qué comer. Es que crees que ya lo sabes.


Marta sabía perfectamente lo que tenía que comer.
Fruta.
Verdura.
Proteína.
Beber agua.
Evitar los ultraprocesados.
Lo había leído cientos de veces.
El problema es que se levantaba sin hambre, tomaba un café, comía cualquier cosa deprisa y llegaba a casa con la sensación de que podría comerse la cocina entera.
Después se enfadaba consigo misma.
«Sé lo que tengo que hacer. Me falta voluntad».
No le faltaba información.
Le faltaba entender qué estaba ocurriendo.
Porque conocer una lista de alimentos saludables no significa saber alimentarse.
De la misma manera que conocer las señales de tráfico no te convierte en un buen conductor.
Comer bien no consiste en aprobar un examen
Puedes saber que una manzana es mejor que una bolsa de galletas.
Enhorabuena.
Eso no explica por qué llegas con tanta hambre por la noche.
Tampoco por qué te falta energía a media mañana, por qué comes sin darte cuenta o por qué eres incapaz de mantener durante dos semanas aquello que el lunes parecía tan sencillo.
Un nutricionista no está únicamente para decirte qué alimentos son buenos y cuáles son malos.
Está para ayudarte a entender tus horarios, tu hambre, tu energía, tus preferencias y lo que ocurre dentro de una vida real.
Porque quizá no comes mal.
Quizá comes poco durante el día.
Quizá pasas demasiadas horas sin comer.
Quizá intentas hacerlo tan perfecto que terminas abandonándolo.
O quizá estás utilizando una estrategia que no encaja contigo y has decidido llamar “falta de voluntad” al resultado.
Saberlo no significa saber aplicarlo
La mayoría de las personas no necesitan otra dieta descargada de internet.
Necesitan dejar de repetir una estrategia que no funciona.
Puedes continuar diciéndote que ya sabes lo que tienes que comer.
Pero si llegas agotado, descontrolas el hambre por la noche o empiezas cada lunes de nuevo, quizá no sabes tanto como crees.
Y no pasa nada por no saberlo.
Lo absurdo es seguir teniendo el mismo problema por orgullo a reconocerlo.
No necesitas que alguien te diga que comas brócoli.
Necesitas comprender qué te está impidiendo cuidarte de una forma que puedas mantener.
Porque tu problema quizá no sea que no sepas qué comer.
Es que llevas demasiado tiempo creyendo que ya lo sabes.
Reserva tu primera consulta de nutrición. No para empezar otra dieta, sino para entender qué necesitas realmente.



