El libro que necesitas leer


Hay personas que entran en una conversación para entender.
Y otras que entran para ganar.
Lo curioso es que casi todos pensamos que pertenecemos al primer grupo.
Hace casi un siglo, Dale Carnegie publicó Cómo ganar amigos e influir sobre las personas.
Detrás de un título que hoy puede sonar a manual de persuasión hay, en realidad, algunas ideas interesantes sobre cómo funcionamos cuando nos relacionamos.
Criticar no siempre consigue cambiar al otro
Cuando alguien se equivoca, parece lógico señalarlo.
Pensamos que si conseguimos que vea claramente su error, cambiará. Pero muchas veces sucede lo contrario: se justifica, se defiende o contraataca.
No necesariamente porque sea incapaz de reconocer su error, sino porque sentirse cuestionado puede amenazar la imagen que tiene de sí mismo.
Por eso hay una diferencia enorme entre corregir a alguien y conseguir que quiera escucharnos.
Todos necesitamos sentir que nuestra opinión es importante
Carnegie hablaba mucho del reconocimiento sincero.
Y quizá esta sea una de sus ideas que mejor ha envejecido.
Muchas relaciones no se deterioran por falta de afecto, sino por falta de reconocimiento.
Parejas que han dejado de agradecerse lo cotidiano.
Equipos donde solo se habla de aquello que falta.
Personas que llevan años haciendo bien su trabajo y solo reciben atención cuando algo falla.
Nos acostumbramos muy rápido a lo que funciona.
Y entonces dejamos de verlo.
Escuchar no es esperar nuestro turno
Mientras alguien habla, muchas veces ya estamos preparando nuestra respuesta.
Pensando qué consejo darle. Recordando algo parecido que nos ocurrió. Buscando una solución.
Escuchar de verdad exige algo más difícil: renunciar durante unos minutos a ser nosotros el centro de la conversación.
Preguntar un poco más.
No apresurarse a solucionar.
Intentar comprender antes de responder.
Quizá por eso influir tenga menos que ver con convencer de lo que pensamos.
Antes de intentar cambiar la opinión de alguien, intenta comprenderla.
Antes de señalar lo que falta, reconoce lo que ya existe.
Y antes de preparar tu respuesta, escucha un poco más.
Porque muchas veces la persona que tienes delante no necesita que le des la razón.
Necesita sentir que has entendido lo que quería decir.
Y no es lo mismo.


