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El día que dejé la leche y el gluten pensé que había encontrado la solución.

Foto del escritor: Especialista en nutrición
Especialista en nutrición
20 ago
2 min de lectura
Mujer comiendo durante un tratamiento nutricional para la hinchazón abdominal y problemas digestivos

En realidad, acababa de empezar el problema.


Primero fue la leche.


Después el gluten.


Luego las legumbres.


Algunas frutas.


La cebolla.


Ese restaurante al que ya no vas porque la última vez acabaste fatal.


Hasta que un día abres la nevera y descubres algo extraño:

cada vez comes menos cosas y tu digestión no está mejor.


Sigues hinchándote.


Sigues teniendo gases.


Hay días en los que terminas de comer y parece que tu abdomen pertenece a otra persona.


Y antes de una cena fuera de casa ya estás pensando:

“A ver qué puedo pedir que no me siente mal.”


El problema de empezar a quitar


Cuando algo nos sienta mal, hacemos lo más lógico.


Lo eliminamos.


Y si mejoramos, pensamos que hemos encontrado al culpable.


Pero los síntomas digestivos no siempre funcionan de una manera tan sencilla.


Hinchazón, gases, alteraciones del tránsito intestinal, dolor abdominal o digestiones difíciles pueden tener diferentes causas.


Y cuando no sabemos qué está ocurriendo, es fácil convertir nuestra alimentación en un pequeño experimento permanente.


Quitas.


Pruebas.


Vuelves a introducir.


Lees algo en internet.


Vuelves a quitar.


Hasta que comer, que antes era bastante sencillo, empieza a necesitar demasiadas decisiones.


Imagina que ocurre lo contrario


Abres una carta en un restaurante y no buscas primero todo lo que no puedes comer.

Te vas de viaje sin llevar media despensa contigo “por si acaso”.


Terminas de comer y no necesitas analizar durante las siguientes dos horas si aquello te ha sentado bien o mal.


Y, sobre todo, vuelves a entender tu cuerpo en lugar de tenerle miedo.


Ese debería ser uno de los objetivos del acompañamiento nutricional digestivo.

No darte otra lista de alimentos prohibidos.


Sino estudiar tu caso, tus síntomas, su evolución, tus hábitos y, cuando existe un diagnóstico médico, adaptar la estrategia nutricional a él.


Porque quizá haya alimentos que temporalmente necesitemos modificar.


Pero también queremos saber por qué los estamos retirando, durante cuánto tiempo y cómo vamos a trabajar después.


Comer menos cosas no debería ser el objetivo

El objetivo es conseguir una alimentación suficientemente variada, nutritiva y compatible con tu situación digestiva.


Y hacerlo con una estrategia.


Saber qué estamos buscando.


Qué estamos modificando.


Qué respuesta esperamos.


Y qué haremos después.


Eso es muy diferente a ir tachando alimentos de la lista de la compra esperando que algún día desaparezca el problema.


Por eso, si llevas meses diciendo:


“Esto me sienta mal.”


“Esto también.”


“Esto ya ni lo pruebo.”


Quizá haya llegado el momento de dejar de preguntarte qué alimento tienes que quitar después.


Y empezar a preguntarte:

¿por qué me está ocurriendo esto?


Un nutricionista especializado en patología digestiva puede ayudarte a ordenar esa historia, adaptar tu alimentación y trabajar, cuando sea posible y adecuado, para que tu mundo alrededor de la comida vuelva a hacerse más grande.


Porque mejorar tu digestión no debería significar vivir con una lista cada vez más larga de cosas que no puedes comer.


Debería acercarte precisamente a lo contrario:

comer con más tranquilidad, entender mejor tu cuerpo y dejar de organizar tu vida alrededor de tu digestión.



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