Como se siente ganar mucha seguridad en ti mismo


Quizá no se siente como imaginas.
No significa entrar en una habitación pensando que eres mejor que los demás. Ni tener siempre la respuesta correcta. Ni dejar de dudar.
De hecho, la seguridad, cuando es profunda, suele hacer poco ruido.
Dejas de comprobar constantemente si has gustado
Sales de una conversación y no necesitas reconstruirla mentalmente.
“¿Habré hablado demasiado?”
“¿Le habrá sentado mal?”
“¿Tendría que haber dicho otra cosa?”
Puedes gustarle a alguien. O no.
Y ninguna de las dos cosas cambia demasiado lo que piensas de ti.
Puedes decir “no sé”
“No lo sé.”
“Me he equivocado.”
“Puede que tengas razón.”
Parece sencillo, pero hace falta bastante seguridad para pronunciar algunas de estas frases.
Cuando no necesitamos proteger constantemente nuestra imagen, podemos permitirnos algo tremendamente liberador: no ser impecables.
Dejas de explicarte tanto
Dices que no.
Y no escribes tres párrafos justificándolo.
Tomas una decisión sin necesitar que todo el mundo la entienda.
Escuchas una opinión diferente sin sentir que tienes que defender inmediatamente la tuya.
No porque los demás hayan dejado de importarte, sino porque su aprobación ha dejado de ser la medida de tu valor.
Las críticas siguen doliendo
Sentirte seguro no significa que nada te afecte.
Un rechazo puede doler. Una crítica puede incomodarte. Puedes compararte o sentirte pequeño en determinados momentos.
La diferencia está en lo que ocurre después.
Ya no conviertes automáticamente un error en:
“No soy suficientemente bueno.”
Puedes pensar simplemente:
“Esto no ha salido bien.”
Y continuar.
Ya no necesitas demostrar que puedes con todo
A veces confundimos seguridad con rendimiento.
Trabajar muchísimo. Resolverlo todo. No pedir ayuda. Estar siempre disponible.
Pero detrás de esa aparente fortaleza puede esconderse una pregunta:
“Si dejo de demostrar todo lo que valgo, ¿seguiré siendo suficiente?”
Sentirte seguro también es descansar sin tener que merecerlo, pedir ayuda, reconocer un límite o admitir que hoy no puedes con todo.
Y, curiosamente, piensas menos en ti
Quizá esta sea una de las señales más importantes.
Dejas de observarte constantemente desde fuera.
Cómo estoy quedando. Qué estarán pensando. Si he dicho lo correcto. Si estoy a la altura.
Y toda esa energía queda disponible para otra cosa:
estar presente.
Quizá por eso sentirse muy seguro de uno mismo no se parece tanto a pensar:
“Soy extraordinario.”
Se parece más a dejar de preguntarte constantemente si necesitas serlo.
Porque la verdadera seguridad no consiste en no dudar nunca de ti.
Consiste en no abandonarte cada vez que aparece la duda.


