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El enemigo invisible

Foto del escritor: Especialista en nutrición
Especialista en nutrición
hace 2 días
1 min de lectura




Nuestro cerebro necesita un aporte constante de glucosa para funcionar correctamente. Sin embargo, al escuchar la palabra "glucosa", solemos asociarla inmediatamente con azúcar o alimentos dulces.


Esto no significa que tengamos que recurrir a ellos para rendir mejor; de hecho, suele ocurrir todo lo contrario.


La clave reside en saber qué grupos de alimentos elegir y cómo combinarlos para obtener una energía estable.


¿Cómo gestiona tu cuerpo la energía? Cuando consumimos carbohidratos, la glucosa pasa al torrente sanguíneo para ser utilizada por nuestras células. En respuesta a esta entrada de energía, el páncreas libera insulina, una hormona fundamental cuya función es regular los niveles de glucosa en sangre y llevarla hacia los tejidos que la necesitan.


Se trata de un mecanismo fisiológico completamente natural y saludable.


Sin embargo, cuando consumimos carbohidratos de digestión muy rápida de forma aislada, la glucosa entra de forma más acelerada. Para gestionarla con la misma rapidez, el cuerpo responde liberando una mayor cantidad de insulina.


Esta oscilación más marcada puede provocar un descenso posterior en los niveles de glucosa —lo que se conoce como hipoglucemia reactiva—, que es lo que desencadena la niebla mental, la falta de concentración o la necesidad inmediata de volver a comer a las 11 o 12 de la mañana.


Si notas que tu energía, tu hambre o tu concentración cambian demasiado a lo largo del día, podemos ayudarte a revisar qué está ocurriendo con tu alimentación.


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