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Has organizado las vacaciones perfectas. Ahora falta que aparezcas tú.

Foto del escritor: Lucía Gracia Solana
Lucía Gracia Solana
23 ago
2 min de lectura

Pareja conversando frente al mar durante sus vacaciones en un espacio tranquilo que invita al descanso y la desconexión mental.

Conozco a personas que tardan meses en organizar sus vacaciones.


Comparan hoteles.


Revisan restaurantes.


Eligen habitación.


Comprueban que la playa esté cerca.


Y cuando por fin llegan, ocurre algo curioso.


Su cuerpo está en ese lugar con el que tanto habían soñado.


Pero su cabeza sigue en la oficina.


Y su atención lleva veinte minutos dando vueltas alrededor de un mensaje que todavía no ha contestado.


Han cambiado de sitio.


Pero no han conseguido salir.


Porque descansar no depende únicamente de dónde vas.


Depende de si eres capaz de llegar de verdad.


Primero: relajarse


Hay personas que necesitan tres días de vacaciones para darse cuenta de lo cansadas que estaban.


No porque el cansancio aparezca entonces.


Porque es la primera vez que dejan de correr lo suficiente como para notarlo.


Relajarse no consiste simplemente en parar.


Consiste en permitir que el cuerpo entienda que, por un momento, no tiene que prepararse para lo siguiente.


Después: concentrarse en el presente


Una vez que dejamos de funcionar en modo urgencia, aparece otra posibilidad: prestar atención a lo que está ocurriendo ahora.


A la conversación que mantenemos.


A la persona que tenemos delante.


A ese momento que normalmente atravesamos mientras pensamos en otro.

Concentrarse no significa esforzarse más.


Significa dejar de estar mentalmente en cinco sitios y empezar a estar, de verdad, en uno.


Finalmente: contemplar y recrearse


Y después viene algo todavía menos frecuente.


No hacer.


No resolver.


No mejorar.


Simplemente contemplar.


Mirar el paisaje sin necesitar fotografiarlo.


Disfrutar de una conversación sin pensar cuánto tiempo queda.


Recrearse en la belleza de lo sencillo y permitir que algo nos importe sin necesidad de convertirlo en una tarea.


Porque hay experiencias que no se entienden mientras las organizas.


Solo cuando, por fin, te detienes a vivirlas.


Quizá el destino importa menos de lo que crees.


Quizá lo importante es conseguir que, por una vez, tu cuerpo descanse, tu mente se concentre y tú puedas contemplar aquello que normalmente atraviesas con demasiada prisa.


Y lo más importante, compartir con las personas que te acompañan.


Porque puedes irte muy lejos.


Pero si te llevas intacta la misma velocidad, no te has ido a ninguna parte.



Si te cuesta desconectar en vacaciones, descansar o dejar de anticipar lo que ocurrirá después, comprender cómo funciona tu ansiedad puede ayudarte a recuperar espacio mental. En LGS Clinic, en Huesca, te acompañamos para identificar esos patrones y aprender a estar más presente.




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